Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de
los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después se apareció a Jacob;
después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me
apareció a mí. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno
de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y
su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos
ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. Porque o sea yo o sean
ellos, así predicamos, y así habéis creído. Pero si se predica de Cristo que
resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay
resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco
Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación,
vana es también vuestra fe. Y somos
hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él
resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque
si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana;
aún estáis en vuestros pecados. Entonces
también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente
esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los
hombres. Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que
durmieron es hecho. Porque por cuanto la
muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los
muertos. Porque así como en Adán todos
mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las
primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.
(1 Cor. 15:6).
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